Hablar de Israel es hablar de un tema complejo, delicado y cargado de emociones. Sé que cada palabra puede ser interpretada desde mil ángulos distintos, y precisamente por eso quiero expresar mi postura de forma clara pero también respetuosa: apoyo a Israel . Lo hago no desde el odio hacia otros, sino desde la convicción de que un pueblo que ha sufrido persecuciones históricas, marginación y violencia sistemática tiene derecho a existir, a defenderse y a buscar un futuro en paz. Israel es, para mí, un símbolo de resiliencia. Un país pequeño que, rodeado de adversidades, ha sabido avanzar en ciencia, tecnología, agricultura y cultura, contribuyendo al mundo de formas que muchas veces olvidamos. Ese esfuerzo por construir, innovar y sobrevivir merece reconocimiento. Entiendo, por supuesto, que hay sufrimiento en ambos lados. No cierro los ojos a la tragedia que viven los civiles palestinos, y me duele profundamente que generaciones enteras crezcan entre muros, miedos y violenci...