Extrema y dura
Anoche hubo elecciones en Extremadura. Nada que no supiéramos ya. La derecha sube, las encuestas aciertan y el país continúa su marcha previsible hacia el siguiente sobresalto. Esta mañana, como siempre, las redes sociales amanecieron divididas entre el lamento y el alivio. Unos denuncian el avance de la extrema derecha; otros celebran la derrota del enemigo. La política convertida en marcador. El ciudadano, en aficionado. No parece preocuparnos demasiado algo más elemental: que llevamos tiempo renunciando a pensar. Pensar exige esfuerzo, duda y responsabilidad. Mucho más cómodo es delegar. Delegar en siglas, en líderes, en expertos, en asesores. Votar se ha convertido en un gesto automático, casi litúrgico, que nos permite seguir con la conciencia tranquila mientras otros deciden por nosotros. Después, si las cosas salen mal, siempre queda a quién culpar. La política ya no se articula alrededor de propuestas, sino de ataques. No se discute qué hacer, sino a quién derrotar. Las i...